Tiempo de lectura: 21 minutos
El fast fashion no solo define cómo nos vestimos, sino también cómo consumimos, cuánto desechamos y qué impacto dejamos en el planeta.
En este artículo quiero invitarte a mirar qué hay detrás de este modelo que agota recursos, explota personas y nos deja montañas de residuos textiles que pueden tardar más de 200 años en degradarse.
Y también contarte que existen otras formas de elegir: más lentas, más conscientes y transformadoras.
¿Qué es fast fashion y por qué se volvió tan masiva?
El término fast fashion (en español moda rápida) se refiere a la producción de prendas baratas y de baja calidad en enormes cantidades que entran y salen del mercado (y de nuestras vidas) de forma rápida al ritmo de las nuevas tendencias. Prendas que pierden su forma, su textura y su sentido con muy pocos usos.
Apareció a principios de los 90 cuando la marca española Zara llegó a Nueva York con la misión de que una prenda pasará del diseño a la venta en solo 15 días.
Este modelo no es solo una cuestión de gustos o tendencias: es el resultado de un sistema que acelera los tiempos de producción, abarata costos y nos acostumbra a consumir sin pausa.
Así se instala un ciclo acelerado de compra y descarte que tiene consecuencias profundas.
Pensar en este descarte constante fue una de las señales que me empujó a preguntarme: ¿qué pasa después con lo que dejamos de usar?
El 60% de toda la ropa acaba en vertederos o incineradoras en el plazo de un año desde su producción, es decir: un camión cargado de ropa tirada o quemada cada segundo.
Lo que parece una elección individual termina siendo un problema ambiental colectivo.
Comprender cómo funciona este modelo de moda rápida, por qué se expande tan rápido y qué promesas nos vende es el primer paso para desarmarlo y recuperar una relación más consciente con la ropa que usamos.
Detectar las señales de que estamos ante “moda rápida”:

Te comparto algunas señales con las que podés detectar cuándo una prenda forma parte del circuito de fast fashion. Es el primer paso para vestirte de manera más consciente.
-
Precios demasiado bajos. Cuando algo cuesta muy poco, suele haber un recorte en algún punto de la cadena: calidad, condiciones laborales o impacto ambiental.
-
Baja calidad visible desde el primer uso. Telas finas, costuras desprolijas, botones flojos, son señales de una prenda pensada para durar poco.
-
Prendas “virales”. Diseños que aparecen de repente en TikTok o Instagram, se vuelven tendencia por unas semanas y luego desaparecen. El fast fashion se alimenta de estas modas fugaces, que impulsan el consumo rápido y el descarte inmediato.
-
Disponibilidad masiva e inmediata. Miles de modelos nuevos por semana, talles siempre disponibles y reposición constante suelen ser parte del engranaje de la moda rápida.
-
Presencia en plataformas de ultra fast fashion. Marcas y tiendas internacionales como Shein o Temu operan bajo este modelo: producción acelerada, precios mínimos y ciclos de consumo extremadamente cortos.
-
Uso predominante de fibras sintéticas. Poliéster, nylon o acrílico son materiales comunes en la moda rápida. Son económicos y fáciles de producir, pero derivan del petróleo, no son biodegradables y liberan microplásticos con el uso y los lavados.
-
Falta de información clara. Si la prenda no especifica dónde fue producida, quién la hizo o qué materiales se usaron.
Cómo funcionan marcas como Shein o Temu (producción acelerada, precios bajos, microtendencias).
En el último tiempo vimos en Argentina cómo crecieron de forma acelerada las compras en plataformas internacionales como Shein y Temu. Los productos llegan directo a casa en pocos días, con precios que resultan casi irresistibles. Pero, ¿te preguntaste qué sucede detrás de ese click?
Estas empresas lideran el ultra fast fashion: un modelo hiperacelerado que combina inteligencia artificial, análisis de datos en tiempo real y producción flexible. Detectan tendencias apenas aparecen en redes sociales, fabrican en lotes y envían directo desde fábrica al consumidor. El resultado es un flujo constante de novedades y precios muy bajos que invitan a comprar sin pensar demasiado.
Detrás de esa velocidad hay prendas pensadas para circular rápido y durar poco. Eso significa más residuos textiles, más presión sobre los recursos naturales y un impacto ambiental que parece no notarse a simple vista.
Al mismo tiempo, este tipo de consumo desplaza a emprendimientos locales, de industria nacional, talleres y marcas que producen a menor escala, con trabajo digno y mayor compromiso social y ambiental.
¿Por qué resultan tan poderosas estas empresas? Por un lado, el precio. En contextos económicos complejos, la posibilidad de acceder a ropa muy económica es una tentación real y comprensible.
Por otro lado, la tecnología. Estas plataformas aprenden de cada búsqueda, cada like y cada pausa frente a una prenda. El algoritmo no solo muestra productos: crea urgencia, instala la sensación de que “si no lo comprás ahora, lo perdés o te perdés la oferta”.
Es un universo de estímulos permanentes, donde la cantidad reemplaza a la identidad. Miles de productos que se parecen entre sí, sin historia ni conexión, diseñados para vender mucho y rápido.
El rol de las redes sociales y la inmediatez: el efecto psicológico
Las redes sociales y la inmediatez de plataformas como TikTok e Instagram impulsan la moda rápida mediante tendencias virales (#haul, #sheinhaul), generando un ciclo de consumo impulsado por el miedo a quedarse fuera de las tendencias y por la presión social. Esto genera un efecto psicológico de gratificación instantánea, donde la ropa se usa para validar el estatus social y aliviar vacíos emocionales.
Así se activa un ciclo constante de deseo, compra y reemplazo.
Esta dinámica redefine el comportamiento de las personas y de la propia industria.
Hace unos días, vi en Instagram el video de una influencer reconocida abriendo su paquete de Temu y emocionada por estrenar en sus vacaciones en la playa lo que había recibido. Las prendas parecían descartables, deformes y daban la impresión de que iban a durar un solo uso.
Esto me generó angustia de que hoy en día sean esos tipos de contenidos los que comparten lxs influencers, con la responsabilidad que conlleva ese rol.
A partir de ahí, me animé a buscar #temu #shein y me aparecieron millones de videos así, donde la masividad de consumo y la mala calidad de los productos me hicieron pensar en los descartes masivos que genera.
El fast fashion, el consumo masivo y plataformas como Shein o Temu ofrecen precios bajísimos que esconden problemáticas insostenibles: Explotación laboral, contaminación, sobreproducción y ropa que dura poco:
| Aspecto | SHEIN | TEMU |
|---|---|---|
| Estrategia psicológica | Uso de FOMO (miedo a perderse algo) para incentivar compras impulsivas y que las personas sientan que deben comprar para “ser parte”. | Precios extremadamente bajos que generan una dinámica de compra compulsiva y acumulación de objetos innecesarios. |
| Problemática laboral | Denuncias de jornadas de hasta 75 horas semanales (alrededor de 15 horas diarias). | Sospechas y denuncias sobre posible uso de trabajo forzado o condiciones laborales extremadamente precarias en algunas cadenas de producción. |
| Impacto ambiental | Muy alto. Se estima que su modelo de producción y logística puede generar emisiones comparables a las de 180 millones de autos al año, debido a la sobreproducción y el transporte global. | Muy alto. Fomenta el envío aéreo individual desde China para cada paquete, lo que incrementa significativamente la huella de carbono. |
| Calidad y vida útil | Muy baja. Muchas prendas están hechas con telas sintéticas como poliéster, diseñadas para durar pocas lavadas. | Muy variable. Al tercerizar la producción en múltiples fábricas, la calidad puede ser irregular y a menudo deficiente. |
¿Cómo impacta en el planeta el consumismo de ropa descartable?
La industria de la moda es hoy una de las más contaminantes del planeta.
Se estima que genera cerca del 8% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.
Consume alrededor de 215 billones de litros de agua por año, una cifra difícil de dimensionar: equivale a millones (sí, MILLONES) de piscinas olímpicas.
También implica un uso intensivo de productos químicos, muchos de ellos tóxicos, que impactan tanto en la salud humana como en los ecosistemas.
El fast fashion genera un volumen de residuos textiles que el planeta no puede absorber. Gran parte de esta ropa está hecha con materiales sintéticos como el poliéster, un derivado del petróleo que puede tardar más de 200 años en degradarse.
Con el uso y los lavados, además, estas prendas liberan microplásticos que terminan en el aire, los ríos y el mar, afectando la biodiversidad y entrando en la cadena alimentaria.
Las prendas que dejan de usarse muchas veces se donan dentro de los países del norte global, pero una enorme proporción no logra revenderse y termina siendo enviada a regiones con menos recursos, que se convierten en el vertedero textil de los países más ricos.
Cada día se acumulan toneladas de ropa que no encuentran una segunda vida. Muchas de estas montañas de residuos textiles se encuentran en el sur de Asia o África, donde los países que reciben esas cargas no pueden gestionar tal cantidad de desechos.
En Latinoamérica, el caso más conocido está en el desierto de Atacama (norte de Chile), donde se encuentra uno de los vertederos de ropa desechada que más crece en el mundo. Se estima que al menos el 60% de lo que se importa como “ropa usada” es en realidad residuo, prendas que no tienen segunda vida y quedan abandonadas en el desierto.
El impacto también es social. Más de mil millones de personas viven en comunidades sin una gestión adecuada de estos basurales textiles, que contaminan el suelo, el agua y el aire.
En muchos casos, al no existir infraestructura ni regulación suficiente, la ropa termina siendo quemada de forma clandestina. Los incendios —cada vez más frecuentes— liberan humo tóxico y agravan aún más la contaminación del entorno.
Frente a esta situación, algunos países comenzaron a impulsar leyes que exigen a los fabricantes hacerse responsables del destino de sus productos cuando termina su vida útil. Estas normativas, conocidas como Responsabilidad Ampliada del Productor (RAP), ya se aplican en lugares como India, Australia, Japón, Canadá y algunos estados de Estados Unidos.
Lo más importante es que esta ropa no siga acabando en el desierto.

“Becon Dry Waste RMF baled plastic” por Sustainable Initiatives Fund Trust, CC BY 2.0
Contaminación del agua
El siguiente golpe al agua ocurre en las etapas de teñido y acabado de las prendas. Para lograr colores intensos y texturas específicas, la industria textil utiliza miles de sustancias químicas, muchas de ellas tóxicas. En varios países donde la producción de ropa es masiva, estos compuestos se descargan en ríos y cursos de agua sin tratamientos adecuados, tiñendo los ríos, afectando la vida acuática y volviendo el agua inutilizable para el consumo humano o el riego.
El impacto no termina cuando la prenda llega a nuestras manos. Cada lavado de ropa sintética libera microplásticos invisibles que viajan por los desagües hasta ríos y océanos. Estas partículas se acumulan en el ambiente y entran en la cadena alimentaria, afectando a peces, fauna marina y, finalmente, también a las personas.
El modelo de fast fashion termina transformando al agua en un recurso descartable: se usa, se contamina y se devuelve al ambiente en peores condiciones de las que se tomó. Entender este recorrido es clave para repensar nuestras decisiones de consumo y preguntarnos si realmente necesitamos tanta ropa nueva, tan rápido y a un costo ambiental tan alto.
Impacto social: condiciones laborales precarias
Las marcas de moda rápida, para maximizar sus ganancias, suelen fabricar en países donde los salarios son muy bajos y las condiciones laborales y de seguridad quedan en segundo plano.
Este sistema se sostiene, en gran parte, sobre el trabajo de mujeres. No por casualidad: en muchos contextos se las considera mano de obra más barata, con menor poder de negociación y más fácil de reemplazar dentro del sistema productivo. Esta lógica termina generando condiciones laborales inaceptables y salarios que no reflejan ni el esfuerzo ni las habilidades que el trabajo requiere.
Pero el impacto no es solo económico. Las consecuencias sobre la salud también son profundas y sostenidas en el tiempo.
Una revisión que reunió los resultados de 17 estudios diferentes identificó que los principales problemas de salud entre lxs trabajadorxs textiles incluyen trastornos musculoesqueléticos, enfermedades cardiovasculares y respiratorias, afecciones gastrointestinales, problemas ginecológicos, oftalmológicos, nutricionales y trastornos mentales.
Cuatro de esos estudios pusieron el foco específicamente en la salud mental, y los resultados son alarmantes: altos niveles de ansiedad, síntomas depresivos, disfunción social y manifestaciones físicas del estrés crónico.
Detrás de cada prenda barata hay cuerpos agotados y mentes tensionadas por un sistema que prioriza la velocidad y el volumen por sobre el bienestar humano.
El verdadero costo de una prenda barata
Cuando vemos una prenda de fast fashion a un precio muy bajo, hay algo importante que tenemos que recordar: ese costo no desaparece, solo se traslada.
Y casi siempre hay alguien o algo que termina pagándolo.
| Tipo de impacto | ¿Qué ocurre? | ¿Quién o qué paga el costo? |
|---|---|---|
| Impacto social (laboral) |
Salarios mínimos que no alcanzan para cubrir el costo de vida. Jornadas extensas y condiciones laborales precarias. |
Trabajadorxs textiles y sus familias. La salud física y mental de quienes producen la ropa. |
| Impacto ambiental (producción) |
Cadena de producción sin responsabilidad ambiental. Uso de materias primas sintéticas y no biodegradables. |
Ecosistemas afectados por la contaminación industrial. El planeta, por acumulación de residuos textiles. |
| Impacto ambiental (uso y descarte) |
Liberación de microplásticos al lavar prendas sintéticas. Prendas que se deforman o rompen rápidamente. |
Aire, agua, océanos y biodiversidad. Aumento del volumen de residuos textiles. |
| Impacto cultural y de consumo |
Vida útil social muy corta (pasan de moda rápidamente). Normalización del descarte rápido. Pérdida de identidad local porque se siguen tendencias virales. Estandarización de la moda que borra identidades locales y formas auténticas de expresión. |
Consumidorxs que sienten la presión de reemplazar constantemente. La cultura del sobreconsumo y los recursos naturales. La industria local y la identidad de la indumentaria. La cultura, la creatividad y el vínculo con lo propio. |
Slow fashion, minimalismo y consumo consciente

Alejarse del fast fashion no significa dejar de disfrutar la moda, sino cambiar el vínculo que tenemos con la ropa.
Es tomar una decisión y elegir diferente.
El slow fashion, el minimalismo y el consumo consciente proponen bajar el ritmo y volver a conectar con el valor real de cada prenda: quién la hizo, con qué materiales y cuánto tiempo puede acompañarnos.
Todo esto también implica desarrollar una mayor conciencia social: entender que muchos precios bajos esconden condiciones laborales indignas y una cadena de producción y comercialización que impacta negativamente en el ambiente.
Elegir diferente no significa hacerlo perfecto. Significa hacerlo un poco más consciente, todos los días.
Cómo elegir diferente: pequeños cambios con gran impacto

Festival Shircular #11
Consumir menos:
El primer paso es consumir menos y con intención. Comprar por impulso suele terminar en prendas que usamos poco y descartamos rápido.
Mejorar nuestras elecciones implica reducir la cantidad y priorizar calidad.
Implica apoyar a marcas que trabajan con criterios éticos y ambientales, y que sean transparentes sobre el origen de sus materiales y sus procesos.
Preguntas clave antes de comprar:
¿Lo necesito?, ¿Cuánto me va a durar?, ¿Quién lo hizo?, ¿De qué material es?
Cuidar lo que tenemos:
Tan importante como comprar mejor es cuidar lo que ya tenemos.
Alargar la vida útil de una prenda reduce de forma significativa su impacto ambiental. Algunos estudios indican que duplicar la vida útil de la ropa podría reducir hasta un 44% las emisiones asociadas a la industria.
Reparar, coser un botón, reforzar una costura o ajustar un dobladillo son pequeños arreglos que evitan que la ropa termine demasiado pronto en la basura.
Nuestras abuelas ponían parches y cosían ropa. Era común modificar las prendas para adaptarlas y también que una prenda pase de generación en generación para hacerla durar lo máximo posible.
Esta tradición se fue perdiendo en parte por la falta de tiempo que impone la cultura actual y en parte por la baja calidad de muchas prendas.
Otra forma de cuidar nuestras prendas es lavarlas menos, usar programas suaves y evitar el secarropas o el centrifugado fuerte. Esto ayuda a preservar las fibras y reducir la liberación de microplásticos.
Reciclaje de prendas:
En este mismo sentido aparece el upcycling: transformar prendas olvidadas en algo nuevo, útil y con identidad.
Compra y venta de segunda mano:
Otra forma de cambiar el modelo es adoptar prácticas donde la ropa deja de ser descartable y vuelve a circular.
La compra y venta de segunda mano permite extender la vida útil de las prendas, reducir la demanda de producción nueva y evitar que toneladas de ropa terminen en vertederos.
Priorizar marcas locales y responsables:
Cuando elegimos producir y consumir cerca, reducimos la huella ambiental asociada al transporte, apoyamos economías locales y sostenemos trabajos más justos y visibles.
A diferencia del fast fashion —donde muchas veces no sabemos quién hizo la prenda ni en qué condiciones— las marcas locales suelen producir a menor escala y con mayor cuidado por los materiales, los procesos y las personas involucradas.
Comprar local no es solo una decisión económica. También es una forma de decirle que no a la sobreproducción, al descarte constante y a la ropa sin historia, apostando por prendas con identidad, propósito y mayor vida útil.
Armar un guardarropa funcional:
Un armario cápsula puede ser una gran herramienta para construir un guardarropa más sostenible. Se trata de una selección de prendas elegidas conscientemente, que combinan entre sí y que realmente usás.
No se trata de tener un número específico de prendas ni en vestirse siempre igual, sino en reducir lo que no suma y quedarte con lo que sí te sirve.
Es ropa que te acompaña en el día a día y no depende de tendencias pasajeras.
Ideas para armar un armario cápsula sostenible y consciente
-
Elegir pocas prendas.
-
Priorizar ropa versátil, que sirvan para distintas actividades o eventos.
-
Seleccionar una gama de colores.
-
Definir tu estilo.
-
Elegir prendas básicas de buena calidad, ya que serán las que más uso tengan y al lavarlas muchas veces no van a perder su forma o color.
- Cuando incorpores nuevas prendas, podés pensar en que sean similares a las que más usás y te gustan más.
Ferias circulares:

Las ferias circulares son un ejemplo de economía circular en acción: prendas que ya existen cambian de manos, encuentran nuevos usos y nuevas historias, sin necesidad de extraer más recursos ni generar nuevos residuos. Este intercambio no solo reduce el impacto ambiental, sino que también fortalece la comunidad, el consumo consciente y nos invita a repensar el valor real de lo que usamos. En vez de comprar por impulso, elegimos circular, reutilizar y compartir.
Si querés saber más te dejo info del Festival Shircular contándote mi experiencia.
Mi experiencia personal: recircular como forma de vestir

Festival Shircular #11
En mi búsqueda de una vida más consciente y sostenible, una de las alternativas que encontré al modelo de ropa descartable fue el Festival Shircular. En comunidad dentro de SHIRI, creamos este espacio donde los objetos en desuso encuentran nueva vida y nos juntamos en comunidad para re-evolucionar el consumo.
Cientos de cosas cambian de manos y se resignifican, pero lo más lindo es todo lo que pasa entre personas: charlas, abrazos, mates, talleres, risas y aprendizajes.
Se trata de soltar, compartir, renovar y circular lo que ya no usamos, para darle una nueva vida y elegir otra forma de consumir (y vivir). Un pequeño pero potente jaque a la lógica del usar y tirar.
Es un encuentro donde se celebra, se comparte y se acciona el consumo consciente y una cultura sustentable. Es una invitación a soltar lo que ya no usamos para que otras personas puedan aprovecharlo, extender la vida útil de los objetos, y recibir de manera consciente aquello que necesitamos.
En ese soltar, también tejemos red: nuestras acciones llegan a personas e instituciones que lo necesitan. Todo lo recolectado se circula y redistribuye entre hospitales, organizaciones y personas en situación de vulnerabilidad.
Además, el festival funciona como punto de acopio de materiales reciclables, resignificando la “basura” como recurso y generando impacto social y ambiental positivo.
Además, es un lugar donde transformamos nuestros descartes en nuevas oportunidades. Hacemos red con cooperativas, emprendimientos e instituciones que extienden la vida útil de materiales que en casa no tienen más vida útil.
El Festival Shircular es organizado por Shiri Natural junto a su comunidad, en articulación con la Cooperativa RUO, colectivos socioambientales, organizaciones y voluntarixs.
Es un festival hecho desde la comunidad y para la comunidad, sostenido por la fuerza colectiva, la creatividad y las ganas de transformar de manera activa y en acción el mundo en un lugar más justo y sostenible.
Colaboramos con: Hospital Posadas | Fundación SÍ | Cooperativa RUO | Centro de Voluntariado Hospitalario (CIVAH) | Hospital Moyano | Instituto de Oncología Ángel H. Roffo | Acuerdo Basado En Plantas | Alitas Rosas Mendoza | Un Pelito Más Fácil | Lado H | Moksha Yoga | Escuela Primaria de Adultxs de Lugano
La filosofía detrás del Festival
En la naturaleza, nada se aferra, nada se acumula sin sentido: todo fluye, se transforma y vuelve a empezar. Las hojas caen, el río fluye, las estaciones cambian.
Pero nosotres… a veces acumulamos más de lo que necesitamos. Cosas, hábitos, ideas. Guardamos “por las dudas” o porque nos da pena soltar.
La propuesta es simple y profunda a la vez: soltar, compartir, renovar y circular lo que ya existe. Elegir de forma consciente qué entra y qué sale de nuestro placard, entendiendo que cada prenda que vuelve a circular es una prenda menos producida, un residuo menos y un gesto a favor del planeta.
Quedarnos con lo que suma, lo que usamos, lo que nos inspira es un acto de honestidad con nosotrxs mismxs y de respeto por el planeta: menos consumo, menos residuos, más vida.
Edición tras edición, la comunidad del Festival Shircular crece. Cada persona que participa elige alejarse, aunque sea un poco, de la moda rápida y apostar por un consumo más humano, local y consciente. Circular ropa nos permite renovar el placard de forma gratuita o accesible, y también revisar nuestros hábitos y la relación emocional que tenemos con lo que vestimos.
Circulando ayudamos a que el mundo sea un poquito más sostenible. Cuando la ropa vuelve a circular, también circulan nuevas formas de pensar el consumo. Y en ese movimiento, recuperamos algo esencial: la posibilidad de expresarnos sin destruir, de vestirnos sin explotar y de elegir con sentido.
Nuestra ropa habla de nosotrxs y es una manera más de expresar lo que consideramos importante.
--
El sábado 21 de marzo, se viene el Festival Shircular #12 - Te invitamos a conocer más y a participar de esta edición entrando acá.
--
Fuentes consultadas
Atacama: de majestuoso desierto a enorme basural de moda fast fashion. (2023, abril 11). National Geographic.
https://www.nationalgeographicla.com/medio-ambiente/2023/04/atacama-de-majestuoso-desierto-a-enorme-basural-de-moda-fast-fashion
Blunt, M., Carlos, J., & Aguiar, G. (s. f.). El lado oscuro de la moda: la industria de confección de ropa e informalidad en Buenos Aires. Universiteitleiden.nl. Recuperado el 18 de febrero de 2026.
https://studenttheses.universiteitleiden.nl/access/item%3A2602111/view
Cavero Pérez, L. (2024). El rol del fast fashion en la era digital: redes sociales, estatus social y consumo conspicuo. Universidad de Valladolid.
https://uvadoc.uva.es/handle/10324/72136
Consejos para no caer en la «moda rápida». (2014, septiembre). Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.
https://www.miteco.gob.es/es/ceneam/carpeta-informativa-del-ceneam/novedades/consejos-nocaer-moda-rapida.html
El precio de comprar ropa barata: ¿quién paga realmente la cuenta? (2019, agosto 7). BBC Mundo.
https://www.bbc.com/mundo/noticias-49268325
Ferrari, S. (2025, mayo 12). La moda que envenena el planeta: el neocolonialismo de la ropa desechable. Colegio de Sociólogos del Perú.
https://colegiodesociologosperu.org.pe/la-moda-que-envenena-el-planeta-el-neocolonialismo-de-la-ropa-desechable
Fuertes, S. D. (2024). Análisis del marketing sostenible en el sector textil: preocupación por el medioambiente o greenwashing en H&M, Inditex, Ecoalf y Patagonia. Unizar.es.
https://zaguan.unizar.es/record/149604/files/TAZ-TFG-2024-3099.pdf
Gallego, R. C., & Muneta, M. L. M. (2024, junio). Ley de residuos y economía circular 7/22 desde el sector textil. Ecodes.org.
https://ecodes.org/images/que-hacemos/MITERD-2023/Informe_LeyEC_textil.pdf
Jacobs, B. (2025, marzo 29). “¿Podemos detenernos y analizar qué estamos haciendo cuando despreciamos una prenda por la cremallera que se rompió?”. BBC Mundo.
https://www.bbc.com/mundo/articles/clyrmx8z75ko
Klepp, I. G., Laitala, K., & Wiedemann, S. (2020). Clothing lifespans: What should be measured and how. Sustainability, 12(15), 6219.
https://doi.org/10.3390/su12156219
La moda rápida alimenta la crisis mundial de los residuos. (2025, marzo 29). Noticias ONU.
https://news.un.org/es/story/2025/03/1537631
Lai, O. (2021, noviembre 10). Explainer: What is fast fashion? Earth.org.
https://earth.org/what-is-fast-fashion/
Nasir, C. (2025, diciembre 18). ¿Qué pasa con Shein y Temu? El fenómeno ultra fast fashion de hoy. Blog de Ecommerce y Marketing Digital – Tiendanube.
https://www.tiendanube.com/blog/que-pasa-con-shein-y-temu/
Paúl, F. (2022, enero 26). “Hemos transformado nuestra ciudad en el basurero del mundo”: el inmenso cementerio de ropa usada en el desierto de Atacama en Chile. BBC Mundo.
https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-60024852
Reyes, S. P. (2026, febrero 17). Armario cápsula: qué es y cómo crear uno de forma consciente. ECOALF.
https://ecoalf.com/es-int/blogs/blog/armario-capsula
Schirrer, S. (s. f.). The social impact of fast fashion. Fabric of Change. Recuperado el 18 de febrero de 2026.
https://www.fabricofchange.ie/articles/the-social-impact-of-fast-fashion
Sustainability Directory. (2025, diciembre 2). How does fast fashion impact water pollution?
https://pollution.sustainability-directory.com/question/how-does-fast-fashion-impact-water-pollution/
